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Historia de la ciudad de La Plata

La Fundación de La Plata

Después del fracaso del alzamiento porteño de 1880, que obligó a la Provincia a entregar su capital histórico, las autoridades surgidas de ese episodio se dispusieron a reparar la tremenda perdida. Cinco años bastaron para que el fenómeno de la nueva sede bonaerense empezara a llamar la atención de la opinión mundial. Se la comparaba con Washington, nacida también después de una meditada decisión política destinada a afianzar el sistema federal.


La Plata era el mejor ejemplo de la capacidad creadora de los argentinos. Moderna en su concepción urbanística, distinta en las características de su sociedad, exenta de las tradiciones hispánicas que pesaban sobre las otras ciudades del país.


19 de Noviembre de 1882

Resumía el espíritu "positivo" del siglo y el optimismo dispendioso de la década del 80. "Me voy para La Plata/ la nueva capital/ que allí se gana mucho/ con poco trabajar..." Esta copla entonada por la legión de empleados públicos y albañiles italianos que fueron sus primeros habitantes, refleja aquella ciudad prodigiosa, surgida como por encantamiento del suelo pampeano.




Después de la capitalización

La ciudad de Buenos Aires había sido la capital del virreinato del Río de La Plata y la sede de los gobiernos patrios. Fue confirmada como cabeza de la República por la Constitución de 1853, pero los porteños rechazaron esta imposición: no querían ceder su ciudad, su aduana, sus rentas. Fue uno de los temas conflictivos que provocaron la separación de la Provincia de Buenos Aires del resto de la Confederación. Después de Pavón (1860) se llegó a un compromiso: el gobierno nacional permanecería en la ciudad porteña a título de "huésped", y la Provincia de Buenos Aires sería la anfitriona.

La situación se prolongó a lo largo de las presidencias de Mitre, Sarmiento y Avellaneda. Al ser vencida la insurrección de Tejedor, el nuevo presidente terminó con el histórico problema: el Congreso sancionó la Ley de capitalización de Buenos Aires, y la Legislatura bonaerense no tuvo otro camino que ceder el ejido de la ciudad a la Nación.

El Dr Dardo Rocha fue investido como Gobernador de la Provincia, el 1 de Mayo de 1881. Se formaron dos comisiones que tuvieron a su cargo la elección del lugar apropiado para levantar la nueva capital.

Finalmente, luego de rechazar varios lugares, se eligió el partido de Ensenada, cercana a la boca del Río de La Plata y conectado con Buenos Aires a través del ferrocarril. Reunía las condiciones ideales.

Era preciso fundar una ciudad desde sus cimientos, porque el sitio servía de pastoreo a las haciendas de las estancias cercanas. Los únicos habitantes de esas extensiones eran los puesteros de Martín Iraola y los pobladores de Tolosa, una pequeña localidad de 7.000 habitantes, fundada en el año 1871.


Calle 51 y 8

Entre marzo y abril de 1882, la Legislatura de Buenos Aires consideró el tema de la nueva capital, que recibió su nombre definitivo, La Plata. Muchas críticas y polémicas en los periódicos porteños; pero sin hacer mucho caso a estos y otros desdenes, las autoridades provinciales habían fijado fecha para la fundación.

Sería el 19 de noviembre, fiesta de San Ponciano, Patrono de la ciudad. La piedra fundamental debía colocarse en una urna que sería enterrada en el centro de lo que sería la plaza principal.

Y así empezó la "ciudad milagro". A fines de 1884 los poderes públicos de la provincia se instalaron en La Plata.

Los informes del Departamento de Ingenieros, los periódicos, los relatos de los viajeros y la cámara fotográfica fueron registrando semana tras semana, mes tras mes, año tras año, los espectaculares progresos de La Plata.




El prodigio de las pampas

La nueva capital bonaerense fue un auténtico prodigio edilicio, urbanístico y demográfico. El impulso con que había surgido la ciudad se debió a la premura con que se abrieron los concursos internacionales para proyectar los edificios públicos.

El carácter monumental que se infundiría a la ciudad, la preocupación por los espacios verdes, las calles anchas, las plazas numerosas y el trazado original, susceptible de ensancharse o prolongarse como en las exigencias higiénicas del proyecto, evidenciadas en el requisito de que el diseño brindara facilidades para la limpieza diaria, la extracción de residuos y la provisión de agua. Mientras se iba convirtiendo en realidad, La Plata cobraba dimensión y vida propia, a pesar de haber nacido sin infancia previa.

Comenzó a tener conciencia cultural y a elaborar su leyenda. Hacia fines del siglo pasado, la ciudad ya era una sólida realidad urbanística, política y económica. Tenía una sociedad propia, orgullosa de su radicación, que se jactaba de sus calles iluminadas con electricidad y de su Teatro Argentino.


Construcción del Palacio de Justicia

Una comunidad que incluso podía alimentar su memoria con hechos de armas, como los que ocurrieron en 1893, cuando la revolución organizada por Hipólito Irigoyen ocupó el gobierno por unos pocos días.



El Escudo de Armas de la ciudad de La Plata

Primera Información sobre el origen del escudo

No es abundante la información que existe acerca del escudo de armas de la ciudad de La Plata, especialmente en cuanto se refiere a su origen, anterior en casi diez años a la sanción definitiva del mismo por la corporación municipal. Donde por primera vez apareció concretado dicho escudo fue en las medallas destinadas a conmemorar la fundación de la ciudad, el día 19 de noviembre de 1882. Parece que la elección de los blasones se concertó en una consulta verbal que el doctor Dardo Rocha había dirigido poco antes a los doctores Lamas y Trelles, consulta que éstos evacuaron en igual forma (1). Habían acordado los citados que en el emblema de la ciudad a fundarse estuvieran representados:

  1. El sol naciente;
  2. El gran río;
  3. Los buques a vapor;
  4. El puerto ideado por Rivadavia, y que se llevaría a cabo
  5. La pampa, sobre la que se levantaría la ciudad
  6. La riqueza del suelo.

(1) Comunicación dirigida al C. D. ((Exp. M. 10 1891, del H. Consejo Deliberante. Archivo de la Municipalidad de La Plata.

Fue trasladada la sugestión heráldica al ingeniero Pedro Benoit, con el fin de que con ella compusiese el signo que debían ostentar las medallas de referencia. Y sea que el dibujo resultara deficiente, o que fuese poco celoso quien tuvo a su cargo llevarlo al bajorrelieve, lo cierto es que en esa oportunidad no se logró un trasunto aceptable de las imágenes acordadas como esenciales del escudo platense.